El fin último de la educación
debe ser “contribuir de forma significativa a la correcta socialización del
alumnado” (Guil, Gil-Olarte, Mestre, y Nuñez, 2006). Con la llegada de la
Sociedad de la Información y el Conocimiento, donde ésta va cambiando constantemente
y a un ritmo vertiginoso, las personas se enfrentan a información, situaciones
y realidades nuevas a diario. He aquí donde juega un papel crucial la educación
emocional y el consecuente desarrollo de la inteligencia emocional. La
capacidad de adaptación y flexibilidad, así como la tan presente capacidad de
“aprender a aprender” se convierten en herramientas básicas para poder
desenvolverse en el día a día garantizando así la convivencia social y el
equilibrio emocional de las personas.
Es cierto que en los últimos
años los estudios sobre la importancia de la educación emocional han
proliferado y la idea de su relevancia en el desarrollo y futuro de los
jóvenes ha ganado terreno en las conciencias de los agentes educativos
formales. Rafael Bisquerra (2003) define la educación emocional como una
innovación educativa que responde a necesidades sociales no atendidas en las
materias académicas ordinarias. Si bien la práctica de la educación emocional
bien debiera incluirse como una disciplina dentro del currículo general de la
E.S.O en todo centro escolar, ¿por qué no programar en todas las materias
curriculares atendiendo al desarrollo de la inteligencia emocional? La
educación emocional debería formar parte del proyecto curricular de todo centro
escolar (Alba Reñé, 2010) y la materia de Lengua y Literatura Castellana
presenta un espacio idóneo y fructífero para el desarrollo de la inteligencia
emocional de los jóvenes.
Según la definición de Solovey y Mayer (1997) alguien con una inteligencia emocional desarrollada:
- Es hábil para percibir y expresar las emociones
- Usa las emociones para facilitar el pensamiento
- Es capaz de comprender y razonar atendiendo a las emociones
- Regula las emociones a nivel individual y con el resto de individuos
Resulta innegable según esta definición la importancia de la comunicación (expresar y comprender) tanto con uno mismo como con los demás en el desarrollo de la inteligencia emocional. Así pues, el aula de Lengua y Literatura se convierte en una enriquecedora oportunidad para garantizar el desarrollo de ésta misma. Gracias a toda actividad lingüística forjamos nuestra personalidad, nos relacionamos con el resto de individuos, accedemos al mundo y su cultura, y lo más importante, nos permite aprender, integrarnos y actuar.
Así pues, puesto de manifiesto
el valor del desarrollo de la inteligencia emocional, resulta obvia la
necesidad de indagar sobre la integración e inclusión del desarrollo de la
inteligencia emocional a través de la programación en el aula y especialmente
en la materia de Lengua y Literatura Castellana dado el protagonismo que toma
el lenguaje en el acceso de esta misma. Sólo concibiendo de forma análoga la
relevancia del desarrollo cognitivo y la inteligencia emocional se conseguirá una
educación integral. De esta manera, no sólo se obtendrá una mejorara de los
resultados cognitivos y académicos deseados en los alumnos, también su completo
desarrollo como personas y ciudadanos.
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Bisquerra, R.,
(2003): Educación Emocional y competencias básicas para la vida. Revista de
Investigación Educativa, vol. 21, n1, 7-43.
Guil, R.,
Gil-Olarte, P., Mestre, J.M., Núñez, I. (2006): Inteligencia Emocional y
adaptación socioescolar. Revista Electrónica de Motivación y Emoción, vol.IX,
n2.
Mayer, J.D., Salovey, P. (1997): What is emotional
intelligence?. En Salovey, P., Sluyter, D. (Eds.), Emotional development and emotional intelligence: implications for
educators. New York: Basic Books.
Reñé, A., (2010):
Competencias Emocionales: ¿Qué debe saber un docente de secundaria sobre la
educación emocional?. En Imbermón, F. (Ed.), Procesos y contextos educativos: Enseñar en las instituciones de
Educación Secundaria. Barcelona: Editorial Graó.
Revenga, A.,
(2010): El Currículo en la Educación Secundaria. En Imbermón, F. (Ed.), Procesos y contextos educativos: Enseñar en
las instituciones de Educación Secundaria. Barcelona: Editorial Graó.
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